OIOIOIOIO
Perlas negras - XII
Sol
espledente de primavera,
a
cuyo beso, fresca y lozana,
la
flor se yergue, la mariposa
viola
el capullo, la yema estalla;
sol
espledente de primavera:
¡yo
te aborrezco! porque desgarras
las
brumas leves, que me circundan
como
rizado crespón de plata.
A
mí me gustan las tardes grises,
las
melancolías, las heladas,
en
que las rosas tiemblan de frío,
en
que los cierzos gimiendo pasan,
en
que las aves, entre las hojas,
el
pico esconden bajo del ala.
A
mí me gustan esas penumbras
indefinibles
de la enramada,
a
cuyo amparo corren las fuentes,
surgen
los gnomos, las hojas charlan...
Sol
espledente de primavera,
cede
tu gloria, declina, pasa:
deja
las brumas que me rodean
como
rizado crespón de plata.
Bellas
mujeres de ardientes ojos,
de
vivos labios, de tez rosada,
¡os
aborrezco! Vuestros encantos
ni
me seducen ni me arrebatan.
A
mí me gustan las niñas tristes,
a
mí me gustan las niñas pálidas,
las
de apacibles ojos obscuros
donde
perenne misterio irradia;
las
de miradas que me acarician
bajo
el alero de las pestañas...
Más
que las rosas, amo los lirios
y
las gardenias inmaculadas;
más
que claveles de sangre y fuego,
la
sensitiva mi vista encanta...
Bellas
mujeres de ardientes ojos,
de
vivos labios, de tez rosada:
pasad
en ronda vertiginosa;
vuestros
encantos no me arrebatan...
*
Himnos
vibrantes de las victorias,
notas
triunfales, bélicas marchas,
¡os
aborrezco! porque, al oíros,
trémulas
huyen mis musas blancas.
A
mí me gustan las notas leves...
las
notas leves... las notas lánguidas,
las
que parecen suspiros hondos...
suspiros
hondos de almas que pasan...
Chopin:
delirio por tus nocturnos;
Beethoven:
sueño con tus sonatas:
Weber:
adoro tu Pensamiento
Schubert:
me arroba tu Serenata.
¡Oh!
Cuántas veces, bajo el imperio
de
vuestra música apasionada,
Ella
me dice: ¿Me quieres mucho?
y
yo respondo: ¡Con toda el alma!
Himnos
vibrantes de las victorias,
notas
triunfales, bélicas marchas:
¡chit! porque huyen al
escucharos,
trémulas
todas, mis musas blancas...
Sol
espledente de primavera,
lindas
mujeres de faz rosada,
himnos
triunfales...; ¡dejadme a solas
con
mis ensueños y mis nostalgias!
Pálidas
brumas que me rodean
como
rizado crespón de plata,
vagas
penumbras, niñas enfermas
de
ojos obscuros y tez de nácar,
notas
dolientes: ¡venid, que os amo!
¡Venid,
que os amo! ¡Tended las alas!
Amado Nervo
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