lunes, 13 de mayo de 2013

_PLANTAS _

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       ENTÉRENSE DE
 LAS  SIGUIENTES PLANTAS.:



MALABAR (Gardenia jasminoides)

El Malabar es un arbusto de aproximadamente 1,5 metros, con hojas persistentes, de color verde oscuro y flores blancas muy fragantes; es una planta introducida desde Asia (China e India) pero está tan naturalizada en nuestro país que no hay solar o patio llanero que no tenga una planta de Malabar en su jardín. También muchos Hatos o Fundos llevan  su nombre.  En la Leyenda de El Silbón de Dámaso Delgado, ambientada en los llanos de Guanarito, le recriminan a Juan Hilario: " Se lo dije, compa, se lo dije. Eso le pasó por porfiao, por porfiao', le dijo el caporal de Los Malabares". Este topónimo sólo se registra en el municipio Araure (Portuguesa).    

                           
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OROZO (Acrocomia sclerocarpa)



El Corozo es una palma de unos 15 m de alto, muy espinosa, con la hoja más joven de unos 80 -100 cm. erguida en forma de espada que sobresale en medio del conjunto de hojas. Su fruto es un "coquito" de unos 4 cm de diámetro muy apetecido por el ganado que sirve de agente dispersor.  Es una palma característica  del alto llano occidental por lo que unos 44 pueblos llevan el nombre de Corozo o de sus derivados, en los estados Cojedes, Guárico, Portuguesa, Apure y Barinas: Corozo, El Corozo, Corozo Pando, Los Corozos, Corocito, Corozal y Corozalito. Los más nombrados en el llano son Corozo Pando en Guárico y Corocito Varguero en Barinas, este último inicialmente fue un Hato con alta producción de ganado y  de quesos por lo que alcanzó renombre; allí vivía la Catira de marmoleño color que inspiró a Loyola para componer su afamado pasaje.


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GUAYAB0 (Psidium guajava)


El guayabo es un árbol pequeño y a veces arbusto que crece en todo el llano, en donde es muy apreciado por sus sabrosos frutos con los  que también  se prepara jalea y bocadillos.  La madera se usa domésticamente para hacer trompos.  El nombre de Guayabo ha servido para identificar a numerosos lugares  en Barinas,  Portuguesa, Apure, Cojedes y Guárico. Topónimos como El Guayabal, Guayabital, Guayabito, El Guayabito, Guayabalito, Guayabo, El Guayabo y Guayabal son nombres frecuentes en las sabanas del llano. En San Jerónimo de Guayabal, estado Guárico, nació el reconocido arpista Eudes Alvárez.  



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CHAPARRO (Curatella americana)

Chaparro es un nombre genérico para algunas plantas piro-resistentes que habitan las sabanas secas de los llanos. El término parece derivar del vasco txaparra (nombre de una encina de poca altura y ramificada).  Es un topónimo muy difundido en todo el llano donde se registran unos 14 sitios con este nombre en los estados Barinas, Guárico, Apure, Portuguesa y Cojedes: El Chaparro, Chaparral, El Chaparral, Chaparralito, Chaparrote y Chaparrito. Los chaparros y los chaparrales son muy nombrados en las canciones de corte llanero. Se llama también Chaparro a  una vara flexible que se usa como látigo: "pa caballo viejo, chaparro nuevo". En Chaparrito (Barinas) nació el reconocido intérprete de la bandola, el Maestro Anselmo López







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GUASDUA (Guadua angustifolia)
La guasdua o guafa es una gramínea gigante parecida al Bambú que crece en los suelos arenosos que bordean ríos y caños. Esta planta brinda muchos beneficios a la gente del campo sobre todo en la construcción de viviendas y enseres domésticos.  En Apure, Guárico y Portuguesa  encuentran pueblos o caseríos como El Guasdual, Guasdalote, Las Guasduas, San Rafael de Las Guasduas y Guasdualito.  Este último pueblo,  el segundo en importancia en el estado Apure está situado a orillas del río Sarare y muy cerca del río Arauca así como de la población colombiana de Arauca. Igualmente a escasos kilómetros de su centro está el puerto de El Gamero en donde el Sarare se une con el Uribante para formar el río Apure.        




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GAMELOTE (Paspalum fasciculatum) 

El Gamelote llamado también paja chigüirera o paja apureña es una gramínea  nativa, de hojas grandes que ocupa áreas inundadas estacionalmente de bajío y orillas de ríos. Forma macollas grandes. Se mantiene verde durante la sequía. Ocupa espacios  del bajo llano principalmente en Apure, Barinas, Cojedes y Guárico donde forma colonias grandes llamadas gamelotales. Es alimento apetecido por los chigüires (Hydrochoerus hydrochaeris). Como topónimo aparece Gamelotal en Guárico. 




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GUÁSIMO (Guazuma ulmifolia)
El Guásimo es un árbol pequeño que ocupa espacios de la tierras cálidas y templadas donde el bosque ha sido destruido, formando a veces comunidades casi puras llamadas guasimales, que dentro de los potreros, sirven para dar sombra y alimento al ganado. Como topónimo aparece en Guárico, Barinas, Apure, Portuguesa y Cojedes: La Guásima, El Guásimo, Guasimita, Guasimito, Mata de Guásimo, Los Guásimos y Guasimal,  Este último pueblo situado a orillas del río Matiyure, cerca de Achaguas,  es la cuna del coplero Domingo García. 





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GUATACARO (Bourreria cumanensis)

El Guatacaro es un árbol pequeño, que se encuentra más que todo  en el oriente del país principalmente al noreste de Guárico y norte de Anzoátegui. Se destaca  a orillas de las carreteras por sus grandes flores blancas  y su tallo dividido en varios ejes. Se utiliza para viguetas de techo; en Zulia lo llaman Sajarito y lo usan domésticamente para hacer carbón. Aparece señalando a numerosos caseríos de Anzoátegui y Guárico. En este último estado: Los Guatacaritos y Guatacaros.  En los Guatacaros, por los lados de Santa María de Ipire, en el borde oriental del llano nació el cantante y compositor Reynaldo Armas. 




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GUAYAB0 (Psidium guajava)


El guayabo es un árbol pequeño y a veces arbusto que crece en todo el llano, en donde es muy apreciado por sus sabrosos frutos con los  que también  se prepara jalea y bocadillos.  La madera se usa domésticamente para hacer trompos.  El nombre de Guayabo ha servido para identificar a numerosos lugares  en Barinas,  Portuguesa, Apure, Cojedes y Guárico. Topónimos como El Guayabal, Guayabital, Guayabito, El Guayabito, Guayabalito, Guayabo, El Guayabo y Guayabal son nombres frecuentes en las sabanas del llano. En San Jerónimo de Guayabal, estado Guárico, nació el reconocido arpista Eudes Alvárez.  




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JOBO (Spondias mombin)

Jobo es un árbol grande del bosque,  de hojas caedizas, de corteza rugosa con estrías pronunciadas, sus frutos son comestibles, unas drupas muy olorosas por su alto contenido de trementina, que  según Ramia,  sirven de alimento para el  ganado (ovino y porcino). Se cultiva en fundos y hatos a orillas de casas y carreteras.  La gente del campo piensa que el bebedizo de sus hojas tiernas tiene propiedades abortivas.  Se usa en cercas por su facilidad para "prender" (enraizar). Con su nombre se identifican muchos pueblos y Caseríos en Guárico, Apure, Portuguesa, Barinas y Cojedes: Jobal, El Jobal, Jobalito, El Jobalito, Jobito, El Jobito, Jobo Dulce, El Jobo y Jobo. 



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MANGO (Mangifera indica) 
El árbol de Mango es tal vez  uno de los más conocidos en las ciudades, pueblos y caseríos del llano pues aunque es una especie introducida desde India,  se ha naturalizado en toda la tierra caliente del país.  Se cultiva por ser un árbol de sombra por su follaje permanente  y de buen fruto. Esta bondad se ha honrado con su nombre en los  estados Guárico, Apure, Barinas y Cojedes: Mango Redondo, Mango Solo, Los Mangos, El Manguito, La Manga y Las Mangas. En San Carlos de Austria (Cojedes) 

existe una plaza dedicada a la fruta del mango.


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MANTECO (Byrsonima crassifolia)
El Manteco es una de plantas asociadas a los chaparrales por lo que se deduce que tiene resistencia al fuego y a los suelos degradados. De las ramas delgadas y flexibles se obtiene una especie de látigo (el manteco) que sirve para acicatear a las bestias de monta y también para castigar a los críos cuando cometen alguna tremendura.  En un solo estado llanero aparece en colectivo este nombre como topónimo: Mantecal, municipio Muñoz del estado Apure. En las cercanías de este pueblo, en El Chacero,  nació el conocido coplero Cristóbal Jiménez.   


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sábado, 11 de mayo de 2013

__ ¿Qué es tu vida, alma mía?

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¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre!

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,
¡Sombra en la cueva!,
¡Lluvia en el lago!,
¡Viento en la cumbre!,
¡Sombra en la cueva!

Lágrimas es la lluvia desde el cielo,
y es el viento sollozo sin partida,
pesar, la sombra sin ningún consuelo,
y lluvia y viento y sombra hacen la vida.
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Poemas de Miguel de Unamuno

__ NO SABES CUANTO TE AMO __



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Siento tus manos atravez de mi cuerpo
siento en mi alma tus vivos recuerdos
no sabes cuanto te amo
no sabes cuanto te deseo
Siento tus besos como  mios en tus labios
y en el silencio que atravieza mi alma
no sabes cuanto te amo,no sabes cuanto te deseo
si en mis sueños solo a ti te veo
Te amo en mi soledad, te deseo en mi silencio
te extraño en el tiempo porque solo vives
atravez de mis sueños;te tengo abrazada a mi cuerpo
pero solo estas en el sueño y en mis recuerdos
No,no sabes cuanto amo no sabes cuanto te deseo
estas enteramente en mis sueños y solo puedo sentir
el calor de tu cuerpo en mis sueños; pero te amo
te deseo aunque solo eres un vivo recuerdo
Siento todo de ti ,mas no percibo el aroma de tu cuerpo
estas tan lejos que ni viajando en el firmamento
te lograra encontrar;no se donde  fuiste se que ya no estas
pero aun te llevo en mis sueños y en mi triste despertar
No,no sabes cuanto te amo cuanto te deseo
siento tus manos, escucho tus palabras percibo tus besos
atravesó
  mi alma pero; no te tengo de nuevo te 
perdí
y sin remedio solo en sueños viviré para ti ...
Te amo te deseo y aunque no 
estés
siempre te amare como un vivo recuerdo
porque solo muriendo moriría al 
descansar
de tus recuerdos..



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alarpe 04-11-2001


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__LA BUHARDILLA DE THOMAS __

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A Thomas Chatterton(1752-1770)

Y tan pronto amanece,cada vez más intensa, la roja cabelleramana sobre su rostro.


(Encantadora curvala del cuello que emerge del entreabierto escote).


La arrugada blancura de la amplia camisamuestra el brazo que pende hasta el entarimadodonde, pálidamente,se fruncen, rotos, todos los poemas.


(La usada tela, tan lisa como el hombroque descubre, dulce resbala).


Excepto los papeles por el suelo esparcidosestá la habitación en riguroso orden:


incluso se acostó sin deshacer la cama.
(Parece muy cansado, tan minuciosamente,con tanta saña y con tanta penadesgarró cada línea de escritura...)
Ya desde el tragaluz desciende el ámbar.Se afilan y se encrespan los contornos y el color justo adquieren.
Y al fin sabe que, salvo la bocatan horrorosamente contraída,que salvo el tinte azul de sus mejillas ralas,el muchacho es hermoso.


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lunes, 29 de abril de 2013

__La sirenita

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__ CUENTOS __


Había una vez un hermoso lugar, en lo más profundo de los mares donde el agua es pura y transparente como el cristal, y en ella abundan las plantas, las flores y los peces de formas extraordinarias.




Allí existía un esplendoroso palacio que pertenecía al Rey de los Mares.  Estaba realizado de coral y de caracolas y adornado con perlas de todos tamaños, estrellas y esponjas, y allí vivía el rey junto con sus seis lindas hijitas.
Sirenita, la más joven, además de ser la más bella, poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusa al oírla dejaban de flotar. La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.





-"¡Oh!, ¡Cuánto me  gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!".
- "Todavía eres demasiado joven" -respondió la madre-. "Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para salir a la superficie, como a tus hermanas".
Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín ornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.





Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor. "¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo!. Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres, Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!".
Apenas su padre terminó de hablar, Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante!. Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer . El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida. 




"¡Qué hermoso es todo!" -exclamó feliz, dando palmadas-. 
Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. "¡Cómo me gustaría hablar con ellos!". Pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: "¡Jamás seré como ellos!". 
A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: "¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!". La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón. La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. Sirenita se dio cuenta enseguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.



- "¡Cuidado! ¡El mar...!".
En vano  Sirenita gritó y gritó. Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe lo tuvo en sus brazos. El joven estaba inconsciente, mientras Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo. Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.



- "¡Corred! ¡Corred!" -gritaba una dama de forma atolondrada-. "¡Hay un hombre en la playa!" "¡Está vivo!. ¡Pobrecito! ¡Ha sido la tormenta...! ¡ Llevémosle al castillo!".
- "¡No!¡No! Es mejor pedir ayuda..."
La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas. "¡Gracias por haberme salvado!" Le susurró a la bella desconocida. Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella y no la otra, quién lo había salvado. Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos! Cuando llegó a la mansión paterna, Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en su garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, Sirenita, nunca podría casarse con un hombre. Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.



- "¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor."
- "¡No me importa" -respondió Sirenita con lágrimas en los ojos-, "a condición de que pueda volver con él!".
- "¡No he terminado todavía!" -dijo la vieja-." Deberás darme tu hermosa voz, te quedarás muda para siempre!. Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.



- "¡Acepto!" -dijo por último Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa-.
Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera. Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.
- "No temas" .le dijo de repente-,"estás a salvo. ¿De dónde vienes?".
Pero Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.
- "Te llevaré al castillo y te curaré.".
Durante los días siguientes, para

 Sirenita empezó una nueva vida: 

llevaba maravillosos vestidos y 

acompañaba al príncipe en sus 

paseos. Una noche fue invitada al 

baile que daba la corte, pero tal 

y como había predicho la bruja, 

cada paso, cada movimiento de las 

piernas le producía atroces 



dolores como premio de poder vivir

 junto a su amado. 

Aunque no 

pudiese responder con palabras a

 las atenciones del príncipe, éste

 le tenía afecto y la colmaba de 

gentilezas. Sin embargo, el joven 

tenía en su corazón a la 

desconocida dama que había visto

 cuando fue rescatado después del

 naufragio. Desde entonces no la 

había visto más porque, después de

 ser salvado, la desconocida dama 

tuvo que partir de inmediato a su 

país. Cuando estaba con Sirenita,

 el príncipe le profesaba a ésta 



un sincero afecto, pero no

 desaparecía la otra de su 

pensamiento. Y la pequeña sirena, 

que se daba cuenta de que no era 

ella la predilecta del joven,

 sufría aún más. Por las noches,

 Sirenita dejaba a escondidas el 

castillo para ir a llorar junto a 

la playa. Pero el destino le 

reservaba otra sorpresa









Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de Sirenita. La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. 



Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo. Al caer la noche, Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas: 
- "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo  y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas."
Como en un sueño, Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma. Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un  sonido de campanillas: "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!"



- "¿Quienes sois?" -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-"¿Dónde estáis?".
- "Estas con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos."
Sirenita , conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban: "¡Fíjate!. Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras!  Tenemos mucho trabajo. ¿Quieres ayudarnos?
- ¡Claro que quiero! -gritó con alborozo la sirenita-.
Y calmada, contenta, ligera, se lanzó en seguimiento de las hijas del aire



La sirenita

por


Hans Christian Andersen


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