miércoles, 20 de febrero de 2013

_Oda al presente

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ESTE
presente
liso
como una tabla,
fresco,
esta hora,
este día
limpio
como una copa nueva
—del pasado
no hay una
telaraña—,
tocamos
con los dedos
el presente,
cortamos
su medida,
dirigimos
su brote,
está viviente,
vivo,
nada tiene
de ayer irremediable,
de pasado perdido,
es nuestra
criatura,
está creciendo
en este
momento, está llevando
arena, está comiendo
en nuestras manos,
cógelo,
que no resbale,
que no se pierda en sueños
ni palabras,
agárralo,
sujétalo
y ordénalo
hasta que te obedezca,
hazlo camino,
campana,
máquina,
beso, libro,
caricia,
corta su deliciosa
fragancia de madera
y de ella
hazte una silla,
trenza
su respaldo,
pruébala,
o bien
escalera!

Si,
escalera,
sube
en el presente,
peldaño
tras peldaño,
firmes
los pies en la madera
del presente,
hacia arriba,
hacia arriba,
no muy alto,
tan sólo
hasta que puedas
reparar
las goteras
del techo,
no muy alto,
no te vayas al cielo,
alcanza
las manzanas,
no las nubes,
ésas
déjalas
ir por el cielo, irse
hacia el pasado.
eres
tu presente,
tu manzana:
tómala
de tu árbol,
levántala
en tu
mano,
brilla
como una estrella,
tócala,
híncale el diente y ándate
silbando en el camino.










POEMAS DE PABLO NERUDA


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_ ESTA NOCHE DE DESPOSADA

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Esta noche de desposada
soy mi balcón.
Ventana soy
sin otro atuendo que el del amor.
Y cuando el día
golpee en el vidrio de mi ventana
he de vestirme con mi sábana de desposada.
Que balcón soy.
Para mostrar el paño blanco
tan blanco por la ventana,
tras esta noche de desposada.
Sin una sola nervadura de la amargura,
sin alfileres púrpuras,
sin una isla ni un algodón
en que alojarse pueda el dolor.
Que blanca y pura
soy mi balcón.
Adiós la sangre.
Adiós la sangre, la sangre y su tiniebla.
Que así desnuda y cubierta
con mi sábana de desposada
yo estoy armada.
Y por las calles de España
y a mi América cansada voy,
para mostrar mi blanca tela,
vagina blanca. Blanco el amor.
Porque esta noche de desposada soy mi balcón.




POEMAS DE ANA ISTARU

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_Este mundo es así...

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Perseo:
Este mundo es así —dice el subconciente.
Palabras a veces sin sonido:
Noche que se hace carne sin posesiones.
Erramos en el blanco sin volver los pasos.
No hay voluntades independientes:
La noche, o el día nos acechan
y quedamos en su velo:
boca de falacias y sofismas.


Icaro:
El mundo. Déjame ver sus estériles destellos:
La espina en las axilas
o el amor póstumo en su retinas.
Qué valor tiene el conocimiento
Que crepita —llagado en los perspicaces hongos del humus—.
Qué fuerza patética disemina los pólenes
con alas ineptas y venas más ateridas
que el braceo proscrito de los peces en el agua.


Perseo:
Nos vemos en un gran espejo agónico.
Fiamos del tiempo, a veces,
con dientes indescifrables.
La tierra hiende su faz y sucumbimos.
Desde Pirrón a Ziehen
Nos acecha la ironía de la Nada:
La única duda real que compartimos
en esta fiel succión del naufragio
que oprime el pecho
y agita los siete círculos sagrados.


Icaro:
El mundo glorifica su fugacidad
y el dolor salado y líquido
que brota de los ojos.
Acaso porque, el cautiverio de la contradicción,
nos pone entre aguas giratorias y gimientes.
A siglos que estamos así.
Y, sin embargo, proseguimos buscando
en el mismo abismo:
fondo de ojos devastados.
Bruma en la órbita de la retina.
Aurora amarga en la garganta
Sonrisa ardida de ceniza.


Mar roto en el pómulo de las olas.
Fuego de jinetes. Fuego hirsuto.
Luz. Luz. Anhelo para libertarnos
de las sombras incorpóreas que emasculan
el nombre filial de las cosas.


Perseo:
Sé que hemos vivido en la redonda alacena del vacío.
No existen las cosas —resulta paradógico, ¿verdad? —
Sólo la fuerza secreta de la esperma que torna lo alado
en vivientes espejos de conciencial testimonio.
¡Ah, mis sentidos, magma de la más espesa armonía!
Luz del cosmos. Hamacas de la aurora.
Caballos enhiestos del horizonte.
Trenes lloviendo entre los rieles del tiempo.
Bosques desde donde los ríos
crepitan y los pájaros chorrean frescos gritos
de una cópula rauda e irreductible.


Icaro:
No somos —yo o tú solos—
Un extenso cometa en la palpitación del cosmos.
Por encima de todo está la causalidad
con su hosco hocico de sapiencia:
el rayo irredento de la razón
y la apoplejía fatua de la historia.

Así nos movemos en esta razón virtual:
Extensa en sí misma;
pero infante en su delicia.


Perseo:
De mi memoria emerge una lluvia blanquísima.
Hay memoria en mí, lo sabes. Memoria.
Infancia mordida y embriagada:
Secreta antesala del destino
entre esa luz rumorosa del musgo
y el hábito vívido de los peces.
Testigo soy de esa embriaguez de los sentidos
y del redondo destino que convoca.
A buen seguro mi certeza es metafísica:
Continuo reino de sombras de donde emerge la luz.


Perseo:
Este mundo es así —dice el subconsciente.
Palabras a veces sin sonido:
Noche que se hace carne sin posesiones.
Erramos en el blanco sin volver los pasos.
No hay voluntades independientes:
La noche, o el día nos acechan
y quedamos en su velo:
boca de falacias y sofismas.


Icaro:
El mundo. Déjame ver sus estériles destellos:
La espina en las axilas
o el amor póstumo en su retinas.
Qué valor tiene el conocimiento
Que crepita —llagado en los perspicaces hongos del humus—.
Qué fuerza patética disemina los pólenes
con alas ineptas y venas más ateridas
que el braceo proscrito de los peces en el agua.


Perseo:
Nos vemos en un gran espejo agónico.
Fiamos del tiempo, a veces,
con dientes indescifrables.
La tierra hiende su faz y sucumbimos.
Desde Pirrón a Ziehen
Nos acecha la ironía de la Nada:
La única duda real que compartimos
en esta fiel succión del naufragio
que oprime el pecho
y agita los siete círculos sagrados.







POEMAS DE ANDRE CRUCHAGA


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_Control de la natalidad

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Te dijo que me suben unas ganas de acostarme contigo;
por eso me llego con Strindberg
hasta la tienda de la niña sofi, bebo algunas cervezas y
me olvido de todo;
un hijo más acabaría con nosotros, te lo aseguro;
me quedo en la mesa de siempre pensando en el poema
que escribiré o en el dinero
que hace falta.
Hoy vino un viejo pidió cerveza con jamón, me puso
en la nariz un rollo de billetes
y terminó puteando comunistas.
Siempre ocurre lo mismo. Entonces ojeo mi Strindberg
y disimulo no mirar ni pensar nada o en nadie. Pago
las cuatro o seis cervezas,
afuera hace una noche linda.
En casa me esperan los viejos libros, y tú entre las
sábanas más dormida
que nunca. Un hijo más acabaría con nosotros, te lo
aseguro.


POEMAS DE ALFONSO QUIJADA URIAS 


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_Alejanía

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                                        en el centro puntual de la maraña
                                        Dios, la araña 
                                                  Alejandra Pizarnik(Escrito el día fatal)




Allá donde la carne es harapos 
mi corazón es reflector. 
La araña con su linterna estudiaba tus pasos al alba. 
No sabía que volabas, 
que subida a un relámpago perdido 
pisabas las tripas de la eternidad y sus hijos leprosos. 
Te vi en sueños con muñecas de dolor, 
no veías más que un gato descompuesto en sombras.  
Te hablé, sólo pateaste la atribulada ceniza 
                    de los profanados por el crepúsculo. 
Un verso mordiendo su propia cola, escribiste. 
Lo busqué en la alcantarilla de la pasión 
                    pero lo tragó Merlin, estallando. 
Y han pasado años bajo el puente 
                    donde bocabajo la araña teje promesas, 
bufandas, gorros para protegernos de la noche 
                    en que no quede pelvis sobre pelvis. 
En tu sombra dormitaré feto. 
Alejanía, teclado de invierno, 
allá voy contra el clavel que atravesó tu pecho, 
                    tu voz de insecto imaginado.







  POEMAS DE MARIO NOEL RODRIGUEZ



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_Sonata y destrucciones

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Después de mucho, después de vagas leguas,

confuso de dominios, incierto de territorios,
acompañado de pobres esperanzas
y compañías infieles y desconfiados sueños,
amo lo tenaz que aún sobrevive en mis ojos,
oigo en mi corazón mis pasos de jinete,
muerdo el fuego dormido y la sal arruinada,
y de noche, de atmósfera oscura y luto prófugo,
aquel que vela a la orilla de los campamentos,
el viajero armado de estériles resistencias,
detenido entre sombras que crecen y alas que tiemblan,
me siento ser, y mi brazo de piedra se defiende.

Hay entre ciencias de llanto un altar confuso,
y en mi sesión de atardeceres sin perfume,
en mis abandonados dormitorios donde habita la luna,
y arañas de mi propiedad, y destrucciones que me son queridas,
adoro mi propio ser perdido, mi substancia imperfecta,
mi golpe de plata y mi pérdida eterna.
Ardió la uva húmeda, y su agua funeral
aún vacila, aún reside,
y el patrimonio estéril, y el domicilio traidor.
Quién hizo ceremonia de cenizas?
Quién amó lo perdido, quién protegió lo último?
El hueso del padre, la madera del buque muerto,
y su propio final, su misma huida,
su fuerza triste, su dios miserable?

Acecho, pues, lo inanimado y lo doliente,
y el testimonio extraño que sostengo,
con eficiencia cruel y escrito en cenizas,
es la forma de olvido que prefiero,
el nombre que doy a la tierra, el valor de mis sueños,
la cantidad interminable que divido
con mis ojos de invierno, duranda cada día de este mundo.






POEMA DE PABLO NERUDA





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_Desierto de los monegros

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El coche en sombra bajo el tendejón

y flecos de maleza parda junto a las ruedas.


El sol de mediodía percute en el asfalto
y siembra el arenal de transparencias.
Dos muros desdentados,
una señal de tráfico,
restos de chapa y neumáticos rotos
son cuanto evoca
el tiempo de los hombres, su transcurso.

La botella de agua y tus gafas veladas.
Estar de paso es de repente
este paisaje alucinado,
esta incredulidad de diez minutos
que es otro modo de distancia
y convierte la vida en memoria precoz.

Dejas caer el agua por tu frente
y el pelo se te encrespa, más oscuro.
Has vuelto a abrir los ojos
y una sonrisa rompe el maleficio,
este breve paréntesis de insidia
que tiembla con el aire, como humo.
La mueca de tu alivio es una calma
y sé reconocer su contundencia.

Veloz hacia un destino
que nos llama sin conocernos,
el coche arranca y deja surcos en el arcén.
Queda sólo esta luz,
la aguja fiel de agosto
que horada cuanto toca,
más allá de nosotros.









POEMA DE JORDI DOCE


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