sábado, 20 de julio de 2013

_ TU SAVIA DE SUEÑOS

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TU SAVIA DE SUEÑOS





Eres el árbol tierno

que potencia 

los más jugosos frutos

de la vida, 

es tu savia de sueños

encendida 

alimento inherente

tu existencia. 




Tus raíces reclaman su

presencia 

entre la pulpa fresca

concebida, 

la semilla central

que, desprendida, 

reverdece en tu alcor

desde la ausencia.




Crecerás vertical en

la armonía 

y se abrirá nimbado

tu ramaje 

con tallos de bondad

y valentía.




Te vestirá de luz el

nuevo día, 

diluviará el maná en

tu paisaje,


se cumplirá en azul la

profecía.













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_QUISIERA DARTE...

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QUISIERA DARTE...
 Quisiera dar a tu vida
horizonte,
las estrellas,
horas felices y bellas,
la dote ancestral del orbe.
Quisiera dar a tu vida
paz, sosiego,
fantasía;
realidad en la utopía,
un vergel dichoso y nuevo.
Quisiera dar a tu vida
los colores,
la belleza,
la virgen naturaleza,
la fortaleza del roble.
Quisiera dar a tu vida
fértil tierra,
claro cielo,
majestad del alto vuelo,
honra de alcanzar tu meta.
Quisiera dar a tu vida
toda mi alma,
gota a gota,
la fe que en la gracia brota,
el poder de la plegaria.
Quisiera dar a tu vida
feraz sangre
de mis venas,
el cariño a manos llenas,
en cercanía ampararte.
Quisiera dar a tu vida
los luceros,
santa herencia,
la pureza, la inocencia,
libertad, desprendimiento.
Quisiera dar a tu vida
bendición,
hijo mío,
el ancho cauce del río
y al final el mar de Dios.



_PASOS EN LA NIEBLA

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PASOS EN LA NIEBLA
Un viaje a contraluz del pensamiento
al lóbrego universo de la bruma.


HIJO, ME DUELES Y TE ESPERO


A la orilla del alba, amor, te espero
como al sol redentor de las tinieblas,
crepúsculo con lluvia
en mis ojos cegados por la visión feliz
perdida en la vorágine del mundo.
Me dueles
en el hueco vacío de mi entraña.
Arrancaron tu néctar
con los fórceps brutales de una nefasta moda;
experiencia suicida que te empuja al ocaso,
al paraíso-puerta del infierno.
Abrasas
tus alas invencibles
en mortecinas perfumadas velas
que incineran laureles; pasaje a un mal futuro
por un presente absurdo y alevoso.
Me dueles
cuando veo los surcos violáceos de tus ojos
y la blanca ceniza de tu piel,
cuando vuelves ajado
de explorar los siniestros rincones de la orgía
y traes en la mirada
los negros recovecos de la noche.
Suplico
que la armonía pueble tus íntimas moradas,
que no te arrase el viento enfebrecido
y en el turbión te ahoguen cenagosas corrientes,
que el plazo no se acabe y te destruya.
Me dueles y te espero a la orilla del alba.
Veo al sol levantarse indiferente
tras los enormes bloques insensibles;
deseo
que se eleve tu sensitivo sol
y su luz permanezca en tu camino.









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_La Escarcha

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    La Escarcha

Nace clemente gota de rocío
destilada en bondad, lluvia temprana
para saciar la sed de flor lozana,
consumida, agostada en el estío.
Amanecer helado, cruel, sombrío,
irracional incomprensión humana,
cambia en Judas a la Samaritana,
congela al corazón sano y bravío.
Como escarcha, la esfera bienhechora
que aprisiona el cristal, con gran dolor
da el beso inevitable a quien adora.
Desvalida, turbada, sufre y llora,
porque, en la frialdad, su amada flor
muere aterida al despuntar la aurora
 
 

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_FUNÁMBULO DEL TIEMPO _

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 FUNÁMBULO DEL TIEMPO

Eres necio funámbulo del tiempo
que cabalga el encaje de la lluvia,
vas siguiendo las ráfagas de luna
en tu mar agitado por el riesgo.




Un viaje a contraluz del pensamiento
al lóbrego universo de la bruma,
un viaje al que la vida nos conjura
desde la primavera hasta el invierno.




¡Vive encendiendo estrellas en tu pecho,
convirtiendo el acíbar en azúcar,
cosechando razón en la locura
y arrancando cipreses del lamento!





¡Echa a volar los pájaros intrépidos
si se despierta el monstruo de la duda,
si vas a la deriva, el sol se anubla
y se oye el ruido trágico del miedo!





¡Destroza antiguas lápidas de acero
y tañe las campanas de las musas
si emerge la maleza en la espesura
y las sombras se extienden por tu reino!





Pero... necio funámbulo del tiempo
te tambaleas, chillas, gesticulas,
esperas una blanda, suave espuma
y tu cabeza va directa al suelo.









 

_ME CLAVAS MIL PUÑALES CADA NOCHE _

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 ME CLAVAS MIL PUÑALES CADA NOCHE
Noche larga de insomnio, de quebranto,
de rabia, de calvario y de impotencia:
el recuerdo taladra mi conciencia
asomada al abismo, al desencanto.


Te acuné con orquídeas como manto,
te vestí con las luces de la ciencia,
te crié en el candor, en la inocencia,
te enseñé de la fuente el dulce canto.


Tú elegiste tu más negro sendero,
tú escuchaste las voces infernales,
tú viraste el timón de tu velero.


Tú olvidaste lo mucho que te quiero,
cada noche me clavas mil puñales
y en continuo gemir padezco y muero. 



Emma-Margarita R. A.-Valdés






_¿DÓNDE ESTÁS. HIJO MÍO, ESTA NOCHE?

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¿DÓNDE ESTÁS. HIJO MÍO, ESTA NOCHE?


Laberinto de hierro y de cemento
circunda tu figura arrebatada,
perdida en las aristas de sus ángulos.
Una pregunta daña mi cerebro,
martillea el silencio lapidario:

¿Dónde estás? ¿Dónde estás?

La ciudad se agiganta ante mis ojos,
¡crece!, ¡crece!, se agranda con mi angustia,
me inunda, me desborda, me derrama.
Te imagino indefenso, hastiado, solo,
sumergido en la masa informe, extraña.

¿Dónde estás? ¿Cómo estás?

El teléfono yace mudo, esquivo,
falta esa voz cordial que tranquiliza.
Podría interrogar al orbe entero
dónde estás esta noche del desvío.
¡Sé la respuesta fácil desde el hielo!.

¿Cómo estás? Si es que estás...

Merodea la duda tenebrosa
y se instala en mi barro aterecido.
El temor se apodera de mi mente
sintiendo al monstruo urbano con farolas
de palidez letal, ¡que crece y crece!.

Si es que estás... ¿Dónde estás?

La ciudad alienígena te abraza,
me ahoga el desamparo de sus brazos.
El vértigo del pánico aúlla, ruge,
y una furia interior encadenada
me golpea incesante y me destruye.

¿Dónde estás? ¿Cómo estás?

Son millones los tontos visionarios
que buscan luz de sol en las luciérnagas,
torpe fauna temblando en las esquinas,
despojos de corceles extraviados
que en ficticios parajes se extasían.

¿Cómo estás? Si es que estás...

Joven muerte avizora por las calles,
viles encrucijadas geométricas.
Oigo un fragor de coches que recorren,
con su carga de espectros sepulcrales,
los túneles a riesgos seductores.

Si es que estás... ¿Dónde estás?

Y yo espero, espero tu llegada,
o acaso espero el día del dolor,
y por los muros gruesos, sofocantes,
desciende irracional turbia alborada
pariendo lejanías, soledades.

¿Dónde estás? ¿Cómo estás?

Sigue la inmensidad incontrolable,
sigue la frialdad de la materia,
sigue este laberinto, este hormiguero
que me atrapa, hijo amado, y me atenaza
la impotencia, el martirio, el desaliento
de este vivir así, sin saber nada.
¿Cómo estás? ¿Dónde estás? Y si es que estás...







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