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miércoles, 18 de marzo de 2015

MELODÍA TRASCENDENTAL





   
  

MELODÍA TRASCENDENTAL



 

Gotear melodioso de notas en el piano.
Allegro que destierra
secanos de camelia y de ciprés,
umbría soledad, esperanza violeta,
estanque de nostalgias…
Sucesión ordenada de sonidos,
acordes afinados.
Esparcimiento pleno de vida que se mece
en un compás de menta, de alabastro, de jade,
de coral y esmeralda.


 


El adagio y el scherzo que sugieren
escanciar el aroma de las flores
en la copa furtiva de las horas pasadas.
Impregnan el vacío que alienta entre las ruinas.
Es un momento estático
en el ritmo febril de las estrellas,
en la irreal quietud.
Revive la memoria
del oscuro destino que se acaba
en umbral de misterio.


 


Un allegro finale se eleva, brota
como fuente sonora en la sequía.
Intemporalidad que surge y se derrama
en espiral de fuego, de salvaje humedad,
en palmeras y nardos.
Túnicas transparentes de aire y luz
sobre la desnudez que se dibuja
en alas de sensual ofuscación.
Las magnolias esparcen su mensaje
y un rojo paraíso
de uvas frescas y néctar hechicero
llenan la realidad de fantasía.


 


Cesó la melodía, el piano se cerró.
Marchitas buganvillas, arrayanes dormidos
y un silencio mortal, forman el escenario.
Perfiles de la luz aclaran el ambiente
dibujando desiertos en los ojos.
Es la belleza de la destrucción
cuando el sueño traspasa la barrera
y acrecienta una herida.
El piar de los pájaros, el ulular del viento,
el gemido del mar,
con su cuerpo de espuma que se esparce
sobre la arena cálida, llaman desde el origen.
Es un eco de eterna excelsitud.
Nada se crea o muere, no hay principio ni término.
Volverá el gotear
melodioso de notas en el piano
con el compás que marca los destinos.

 





AMOR FINGIDO


 AMOR FINGIDO


No fue amor, fue la ilusión
de hacer realidad un sueño.
Te descubrí en mi sendero
y te fingí gran amor.





¿Por qué mentí? La razón:
la fama, el lujo, el dinero,
mi cuerpo a cambio de un reino.
¡Por menos di mi favor!.


 


Tu gozaste la pasión,
yo logré en ti mi deseo.
Dudaste de mí, lo entiendo,
viviste angustia y temor.


 


No pregunté la ocasión.
Tú creíste en mi camelo,
lloré por tu mal momento
y fingí sentir dolor.




Suplicaste mi perdón
por tus dudas. Yo consiento,
exijo tu fe, te venzo,
y te hago fiel servidor.





Amor fingido, en pasión
no pierde el conocimiento,
el corazón mudo y seco
vence en la lucha de amor.





He logrado mi ambición,
tengo poder y dinero...
mas siento un vacío inmenso
perturbando mi interior.





No he vivido la emoción
de entregarme por entero.
¡He perdido lo más bello!
poseer y dar amor.








 




domingo, 1 de marzo de 2015

MISTERIOS GLORIOSOS






 
MISTERIOS GLORIOSOS


(Para recitar antes de cada Misterio del Rosario,
bien completos o en parte)




Por










LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR






Abres la puerta que cerró el pecado,
derrotas a la muerte, traes la Vida
al alma esclavizada, envilecida,
¡la salvación eterna es tu legado!.

Eres el Hijo, el Bienaventurado,
tu deidad ha quedado esclarecida.
¡Te pedimos perdón por tanta herida,
por haberte, Señor, crucificado!.

Muerte y Resurrección es tu doctrina,
evangelio de la felicidad
que en la noche al espíritu ilumina.

¡Bautízanos al sol de la divina
palabra que amanece en caridad
y a disfrutar del bien nos encamina!.








LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR 

A LOS CIELOS





Cumplida tu misión subes al cielo,
mas regresas en cada Eucaristía,
con tu cuerpo y tu sangre, día a día,
alcanzamos la gloria en este suelo.

En nuestro corazón late el anhelo
de volver a tu humana cercanía;
por esta celestial melancolía
florece la esperanza y el desvelo.

Confiamos en Ti, tras tu partida
podemos disfrutar de tu presencia
por palabra que diste en despedida.

¡Acércanos al pan que da la vida,
y en el tiempo final de la existencia
concédenos la paz de tu acogida!.


LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO




Nos envías, Señor, el Ser divino,
el fuego de tu amor y de tu ciencia,
resplandece en la llama tu clemencia
y revelas tu espíritu uno y trino.

Con su luz nos enseña tu camino;
con su sombra, el poder de tu presencia;
es la brisa de eterna providencia
que nos lleva, sin miedo, a tu destino.

El Espíritu Santo es libertad,
esperanza final que nos inflama,
luminaria del bien y la verdad,

fuego sacro de fe y de santidad
en cuyo ardor el alma vive y ama
ungida con divina claridad.







LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA 

A LOS CIELOS




Virgen Santa, por Dios predestinada
a aplastar la cabeza a la serpiente,
regresas al origen, a la fuente,
al templo de tu amor, a tu morada.

Eres, por siempre, Madre Inmaculada,
la cuna del perdón, la confidente,
la intercesora fiel, dulce y clemente,
la amiga celestial, nuestra abogada.

El Dios,  que te eligió y te bendijo,
te eleva en cuerpo y alma de este suelo
a compartir la gloria con su Hijo.

Abrazados al pie del crucifijo
nos llevarás contigo, Madre, al cielo,
porque es tu corazón nuestro cobijo.


LA CORONACIÓN DE LA 

VIRGEN MARÍA

POR REINA Y SEÑORA 

DE CIELOS Y TIERRA




Eres hija del Rey del firmamento,
eres madre del Dios de salvación,
esposa de sublime compasión,
señora de este mundo en ti redento.

Tu corona forjada en sufrimiento
es triunfal testimonio del perdón,
la joya de la nueva religión
anunciada en Antiguo Testamento.

Eres reina en la tierra y en la gloria
por tu fe, por tu amor, por tu inocencia,
porque en ti Dios luchó por la victoria.

Fue tu entrega la causa decisoria
de nuestra redención, de nuestra herencia,
¡tu has renovado el curso de la historia!














 

Reservados todos los Derechos de Autor.
Publicado con permiso de la Autora.
Prohibida su reproducción sin su expreso consentimiento. 
email de la Autora: 
universo@universoliterario.net







MISTERIOS DOLOROSOS






 
MISTERIOS DOLOROSOS


(Para recitar antes de cada Misterio del Rosario,
bien completos o en parte)





Por






LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO



Bajo el anciano olivo, con temor
al tormento final, al sacrificio,
de rodillas en tierra, es tu cilicio
beber el cáliz agrio del dolor.

No harás tu voluntad por nuestro amor.
Tu materia se turba ante el suplicio,
se enrojece la arcilla, el edificio
que sufrirá tu cruz de vencedor.

Comienza la liturgia del perdón
al darte en holocausto, al entregarte
como mártir de nuestra redención.

¡Suba a Getsemaní nuestra oración!.
Que entendamos tu ofrenda para amarte
y consagrar la vida a tu misión.






       




LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR






Los azotes desgarran tu figura
con la mano brutal de la injusticia,
de la traición, del odio y la malicia
de un mundo que se anubla en tu hermosura.

Es un surco de sangre tu ternura.
Esparces la semilla que ahora inicia
cosecha de pureza, la caricia
que bajo el latigazo se madura.

Aceptas el martirio con valor.
Tu silencio es la voz de enamorado
que libra del castigo al pecador.

Suframos el azote del dolor
evocando tu cuerpo lacerado
atado a la columna del amor.




         




LA CORONACIÓN DE ESPINAS




Circundan tu cabeza las espinas
y taladran tu mente pensamientos
de dolor, tu padeces los tormentos
por nuestras vocaciones viperinas.

Derrochamos tu pan en las esquinas.
Arrancamos tu vid y tus sarmientos.
Nuestros rezos son súplicas, lamentos.
¡Te clavamos mil veces las espinas!

La corona ceñida a tu cabeza
es símbolo del Reino de  tu amor
a los que reconocen su pobreza.

¡Líbranos de la angustia y la tristeza,
del miedo, de la duda, del temor;
corónanos con mística certeza!.

       



JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS




Soportando la Cruz de tu agonía,
desgarrando tus pies en la andadura,
subes por el Calvario, con dulzura,
a cumplir la sagrada profecía.

Eres reo de nuestra villanía,
que arrastra por el suelo tu hermosura,
y en un lienzo nos dejas tu figura
con mensaje de amor y cercanía.

Es la soberbia humana, deicida,
tu cruz,  por nuestro mundo pecador,
y causa del pesar de tu caída.

Te ofrecemos el alma arrepentida
para ser cirineos del dolor
que redime a esta tierra fratricida.





       





LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR




La ingrata humanidad te ha ajusticiado.
Tu grito, tu clamor, se eleva al cielo,
añoras de tu Padre su consuelo:
¡Dios mío, por qué me has abandonado!

María, hija y madre, está a tu lado
en pie, con su dolor, clavada al suelo.
Se rasga con tu muerte el viejo velo
y nuestra redención has conquistado.

Eres fruto en el árbol de la vida,
maduro en sacrificio sobrehumano,
con el perdón brotando de tu herida.

La voluntad de dios está cumplida,
desde la cruz te ofreces como hermano
y es, de tu amor, la auténtica medida.







Emma Margarita R. A.- Valdés

Reservados todos los Derechos de Autor.
Publicado con permiso de la Autora.
Prohibida su reproducción sin su expreso consentimiento.